Los fundadores nórdicos ahora están emprendiendo proyectos más grandes y ambiciosos, y los resultados son evidentes: empresas como Lovable han alcanzado 200 millones de dólares en ingresos en tan sólo un año desde su lanzamiento. Esto representa un cambio dramático con respecto a hace una década, cuando una ronda de financiación de 1 millón de euros en ciudades como Copenhague se habría considerado significativa.
El cambio está impulsado en parte por la sólida red de seguridad social de la región. A diferencia del entorno de alto riesgo de Silicon Valley, los fundadores nórdicos tienen la libertad de asumir mayores riesgos sin poner en peligro sus finanzas personales o su estabilidad. Esto permite una experimentación más rápida y una innovación más audaz.
Dennis Green-Lieber, fundador de Propane, la plataforma de inteligencia de clientes impulsada por IA, ha observado esta aceleración de primera mano durante los últimos 15 años. Sugiere que este entorno fomenta una mentalidad de crecimiento excepcionalmente agresiva.
El ecosistema de startups nórdico no se trata sólo de tolerancia al riesgo. También se beneficia de una cultura colaborativa y un creciente enfoque en la tecnología profunda. Como se destacó en una reciente entrevista en podcast de TechCrunch Equity, la región está preparada para una expansión continua en tecnologías avanzadas.
El modelo nórdico ofrece una alternativa convincente a la mentalidad de Silicon Valley en la que el ganador se lo lleva todo. Prioriza la sostenibilidad y el crecimiento a largo plazo sobre el escalamiento rápido e insostenible.
Esta tendencia sugiere que los países nórdicos se están convirtiendo en una fuerza importante en la tecnología global, ofreciendo un camino viable para los fundadores que buscan estabilidad junto con la ambición.






























