La Corte Suprema se prepara para decidir el destino de los votos por correo en una batalla partidista

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La Corte Suprema está sopesando un caso – Watson v. Comité Nacional Republicano – que podría invalidar los votos emitidos legalmente, revelando cuán profundamente politizada se ha vuelto la administración electoral. El argumento central gira en torno a una oscura interpretación de las leyes electorales federales de 1845, que según el Partido Republicano prohíben contar cualquier boleta que llegue después del día de las elecciones, independientemente de cuándo se envió por correo. Esto a pesar de que el voto en ausencia apenas existía en ese momento y ningún tribunal había interpretado estas leyes de esta manera hasta ahora.

El cambio partidista en la ley electoral

Hasta hace poco, ninguno de los partidos cuestionó seriamente la capacidad de los estados para aceptar votos enviados por correo. Pero con los ataques de Donald Trump al voto por correo en 2020 (en el momento en que los demócratas favorecían cada vez más este método), la cuestión se ha convertido en un arma partidista. El caso ante la Corte cuestiona una ley de Mississippi que permite que las boletas enviadas por correo antes del día de las elecciones se cuenten si se reciben dentro de los cinco días hábiles, una práctica común en casi 30 estados.

La estrategia del Partido Republicano es clara: privar de sus derechos a los votantes demócratas invalidando los votos emitidos legalmente. El argumento de que el Congreso de alguna manera prohibió las papeletas que llegaron tarde en 1845 es absurdo, dado el contexto histórico. El voto en ausencia era raro entonces y la intención de la ley de 1845 no era restringirlo. Incluso durante la Guerra Civil, a los soldados se les permitió enviar boletas por correo después del día de las elecciones, un hecho señalado por el juez Sotomayor durante los argumentos orales.

La división de la corte

Los jueces conservadores de la Corte –Thomas, Alito, Gorsuch y Kavanaugh– parecen inclinados a ponerse del lado del Partido Republicano. Sus preguntas sugieren que están dispuestos a aceptar este débil argumento legal para obtener una ventaja partidista. El juez Alito, por ejemplo, cuestionó por qué las papeletas no se entregan directamente a los funcionarios estatales, ignorando la práctica histórica. El juez Gorsuch propuso hipótesis extrañas acerca de que los votantes retiraran sus boletas después del día de las elecciones.

Sin embargo, el presidente del Tribunal Supremo, Roberts, y el juez Barrett parecen escépticos. Roberts teme prohibir todas las votaciones anticipadas si prevalece el argumento del Partido Republicano. Barrett cuestionó si la ley realmente prohíbe las boletas que llegan tarde, sugiriendo que tal restricción no era la intención original.

El resultado es incierto, pero los riesgos persisten

El resultado más probable es una decisión de 5 a 4 que rechace el desafío republicano, con Roberts y Barrett manteniendo la línea. Pero el hecho de que cualquier juez tome en serio los argumentos del Partido Republicano es desconcertante. La voluntad de la Corte de considerar un caso tan endeble subraya cuán fácilmente pueden manipularse las reglas electorales para obtener ganancias políticas.

El intento del Partido Republicano de descartar los votos emitidos legalmente es una flagrante toma de poder, y la participación de la Corte Suprema legitima este peligroso precedente.

El futuro de los derechos de voto depende de si la Corte puede resistir la presión partidista y defender la integridad de las elecciones.